Descubriendo la realidad con Mar García Puig
Me tropiezo por Instagram con este festival. No había escuchado hablar antes y no estaba en mis perspectivas de ocio de fin de semana.
Me fijo en el cartel. Me gusta el efecto que han conseguido en las letras. Tiene un toque de luces de neón. Me resulta hipnótico. El cartel se ilumina. ¿Entiendes? Es tan difícil entenderse. Es tan difícil acercarse a las palabras que tengo ahora mismo en mi cabeza. Escribir para mí es ir tirando de un hilo que no sé muy bien a dónde me lleva. Yo solo sé que escribiendo me ordeno, se me calman los ruidos y consigo sumergir mi cabeza en el mar. Ese mar del que nunca me fui.

No termino de entender del todo el título. ¿Qué es un festival literario de efectos reales? Me imagino que el subtítulo nació para que personas como yo entendiesen el concepto del festival. Siento desilusionar, me enredo también en el subtítulo. Un festival de literatura de historias verdaderas, añaden. Como si las historias fueran mentirosas todo el rato.
Dejo de darle vueltas. Todo se aclara cuando veo la foto de Mar García Puig. Esa foto es genial. Sale guapísima. Es una foto que muestra profundidad y misterio, resaltan sus ojos. El rojo por todos lados amplifica esa adrenalina que da el peligro. El rojo de Almodóvar, el rojo de Margaret Atwood, el pintalabios rojo que yo también uso. La desobediencia del rojo…

Tuve la suerte de hacer dos cursos con Mar en la plataforma crisi. Uno sobre la locura y otro sobre la literatura de Archivo. Conocí La historia de los vertebrados pronto, la leí después de mi maternidad. Recuerdo su primer párrafo, es tan impactante.
«El 20 de diciembre de 2015 me convertí en madre y enloquecí».
Como el comienzo del Quijote o de Cien años de soledad, es un comienzo que se me grabó y consigo repetirme como un mantra. Es un golpe en la mesa dentro de una discusión enorme donde nadie se escucha ni se cede la palabra. Le dije que me pareció un gran acierto.
Destilando ideas… ¿Qué hace Mar ?
Mar había hecho algo que hasta el momento no se leía. Mar hablaba de la locura y la maternidad. Había filtrado un método prestigioso en un tema al que nadie le daba ninguna importancia. Elevó lo invisible a materia de estudio. Nos obligó a sus lectoras, y a los atrevidos lectores, a darle importancia y veracidad a lo narrado. Mujeres, psiquiátricos, terminología, archivos, diagnósticos, etimología. Mar no deja nada en el tintero y en sus líneas la seguimos por una busqueda que va desde el afuera al adentro. De la sociedad al hogar, del Parlamento a las celdas de mujeres ingresadas. Esa forma minuciosa y científica me obsesiona, y me habla de muy cerquita. Mis estudios sobre la comunicación y el silencio que elaboro desde hace años tienen ese tinte. Eureka. No son ecos, todas los escuchamos.
Tras leer su libro me aficioné a un tipo de escritura que se ha ido multiplicando en mi biblioteca. Este género híbrido es un río que baja y sube del mundo al yo, del dolor a la explicación. Es una escritura que busca en una herida profunda. El academicismo es una más de las estrategias aprendidas para que lo que transmitimos se valore, se avale, se le dé esa honestidad filológica que nos enseñaron.
Mar hace un trabajo inmenso. Nos enseña cómo se silencia. Saca a la luz cifras, diagnósticos. En su libro nos ayuda a conquistar un sitio que nos avergonzaba compartir con el mundo.
Cuando leía este libro me imaginaba a la autora viajando de un archivo a otro, por carreteas con bruma, estaciones de autobuses mal iluminadas, carteles extraños y un montón de lo sabía.

En mis manos tengo la traducción al francés hecha por Lise Belperron. Es una edición cuidada: las fotos, el papel, los apartados. Hay espacio. Es un trabajo generoso. Es un gran trabajo.
Si me centro en en la charla, Mar intentaba explicarse y explicarnos porqué ese hueco inmenso que se produjo al ser madre era un lugar al que nadie quería asomarse. Por qué se le ha ido dando nombres en diferentes disciplinas: la psicología, la psiquiatría, la medicina, el arte, la literatura. Y establece una conexión entre estas disciplinas para que se hablen, para que se entiendan y lleguen a un consenso más conciliador.
Es inmenso y exquisito el trabajo que hace y cómo nos va acercando a una busqueda que nos define y nos humaniza enormemente.
Como toda buena conversación, Mar no sienta cátedra. Nos habló en un francés que rechazaba la ayuda de su intérprete, la cual afirmaba o añadía tímidamente la palabra que deseaba transmitirse. Nos explicó mucho, pero yo seguía sedienta de preguntas. Pude intervenir. Estoy orgullosa de no haberme dejado llevar por mi silencio.
Como anécdota, en la sala se encontraba un antiguo jefe de psiquiatría del Hospital de Marsella, dio una cifra aproximada —unos cinco mil partos asistidos al año—. Este hombre jubilado conservaba frescas las palabras justas, con una voz casi invisible, se afanó en establecer una defiición clara y concisa de tres diferencias clarísimas de qué era la depresión posparto y qué no. Se atrevió. En un primer momento pensé que no, que esta intervención enriquecería la charla, pero no, apenas unas frases más tarde en esa misma habitación, con todas las asistentes atentas, presenciamos un mansplaining en toda regla. En boca de uno de los pocos hombres que había en la sala.
Se desacreditó él solo al confesar que no había leído todavía el libro. Un problema de livreur, un clásico en la ciudad de Marsella plagada de disfunciones. En fin… Anécdotas a parte, la charla fue amena y enriquecedora.
Me llevé el ejemplar de Charlotte Perkins que descubrí gracias a Mar. Me los firmó amablemente con mi pluma Yves Sait Laurent, la que esconde para escribir ideas que no sé muy bien qué harán. Histoire de me dire qu’elle aura aussi le pouvoir de m’inspirer, de me donner le courage de prendre la parole.
Hablar con Mar, sus palabras me resultaban tan familiares. Es una gran escritora pero se intuye que además es una excelente persona. No pasa siempre, es una excepción. Cuento los días para poder hacer otro curso o acercarme a otra charla inesperada donde poder conversar largo y tendido sobre todo lo descubierto en esos ojos vivos que saben mirar y adentrarse allí donde los vertebrados nos quedamos sin historia.
Lean, lean y no se la pierdan. Un abrazo Mar…