La fuerza en la palabra: Sonia Chiambretto

Descubriendo a esta autora. Acercándonos a su obra por su propia voz. De la experiencia de una vida al encuentro con una emoción.

Empecé el día con tanto sol, que solo pensaba adentrarme en esa librería. Llevaba días sin escribir pero parecían meses sin ser yo. Al fin pude apagar ciertas luces dentro de mí para poder salir y ser otra, para poder ser yo al fin. Es liberador dejar las obligaciones a un lado. 

Una vez en la libería todo empezó a volar. Mi interior era una bola de cristal llena de folios, autoras y citas que volaban como esas mijitas blancas ingrávidas. Libros, rincones de poesía, obras de editores independientes, frases, postales hechas a mano, colecciones de libros en mini estanterias de madera. Mucho amor esperando ser tomado. 

Todo precioso, un su lugar, dejándome tocarlos. La sensualidad desplegada. De nuevo la calma, el corazón. Siento mis dedos, han vuelto.  Todo se vuelve posible y ligero. Mis pies —como esos de Frida—consiguen elevarse.

Lo primero que me llama la atención en la entrada de la librería es un proximamente que se llenó de estrellas.  Vuelvo a leer: Proximamente Sonia Chiambretto. Un nombre de esos que gusta por el aroma a extranjero. Busco las editoriales: Editions L’Arche… prestigio, teatro. Tomo uno de los libros del montón que tienen escrito su nombre. Decido manosear el único libro de color claro, es de Actes du Sud…  Al abrirlo observo la libertad gráfica en sus páginas suaves. Esa libertad que piden aquellas que necesitan no siempre escribir líneas rectas. Me gusta el objeto. Todo promete.

No me equivoco. Aún no lo sé pero es un evento que me cogerá por los hombros y me sacudirá el polvo de nuevo. 

La cita es a las seis de la tarde. Me presento como buena alumna a un salon pequeño. En él: un banco para la autora, sillas para los presentes, una alfombra que refleja el tiempo y una vitrina que nos da en la espalda. Vemos y nos ven. Me intimida la generosidad del librero, un chico de apariencia dulce con ojos de montaña alpina. Se acerca y nos regala un vaso de vino mientras las luces se anaranjan para recibirnos. Es un rito, comienzan a abrirse los cajones. 

Tras narrarnos su Odisea,  Sonia decide empezar a leer unos textos de su obra Peines Mineurs . 

Publicado en 2023  la autora da la voz a menores que esperan en la institución Au Bon Pasteur para ser trasladadas y  juzgadas. Una vez allí recibirán la pena pour sus actos violentos. 

«Je dois payer pour la violence»

Nos lee a Sara. Escuchamos su voz, sus pensamientos, la voz de los cuidadores o intermediaros que la siguen en ese proceso. Al leer este extracto, Sonia ya no es Sonia, Sonia es su obra, sus personajes. No hay violencia en sus palabras, hay un razonamiento que te traslada a esas situaciones que no son fáciles de escuchar dependiendo del disfraz que te pones como lector. Si decides ser una madre lloras, si decides ser un policía te revuelves, si decides ser Sara sientes la soledad del que no entiende qué hay de malo en lo que ha cometido. Voces y voces que te invitan siempre a ponerte ahí donde la luz se avergüenza.

Es impresionante conocer la obra de una autora como Sonia Chiambretto. Su comienzo está llenos de buenas ideas, azar y un trabajo que valida su prestigio. Nos cuenta cómo su padrino fue el Festival de teatro de Avignon. Una vez hecho, pudo seguir volando a otros lugares que necesitaba explorar. Al escribir tampoco pensó en un primer momento en el teatro, sus textos lo teatralizaban otros. Un día sí, fue ella quien convocó al teatro y le plantó cara. Sus lugares no son la dulce campaña burguesa. Ella busca las cárceles de menores, la Argelia de un combatiende normando, en resumen, lo que escribe es la violencia mirada sin florituras ni dogmas ni victamización. La vida es así, como la observa, y así la plasma directamente en sus páginas. 

Mientras nos hablaba de cómo creó su obra Peines Mineures me imaginaba a Sonia andando por esos pasillos silenciosos de la cárcel o de otras instituciones que visitó y con las que trabaja y crea. Me apuñalan esos pasillos donde los fantasas de mujeres muertas, violadas, vengadas, son el dardo de emociones primarias. Pienso esa brutalidad e intento buscar en su rostro la marca de esa violencia, pero no la encuentro. Sonia tiene un rostro manso y tenaz. Este escenario me recuerda a Guillermo Arriaga. Me traslado a otro lugar también plagado de violencia, a ese México que viven los mexicanos. El escritor en Salvar el fuego entra en ese triangulo. Amor encierro pasado posibilidad y escritura.

Sonia es una de esas personas que nunca te contará todo lo que ha vivido porque sabe que te abrumaría. La puerta está entornada pero hay tanta luz y humo detrás que el intuirlo ya te deja perpleja. Sonia habla porque sabe callar. Sonia puede servirse de su arte porque lo doma y lo pone a su servicio con los ojos bien abiertos. Pienso en Siri Hustvedt y sus clases de escritura con enfermos psiquiátricos en el hospital Payne Whitney Clinic de Nueva York . Ella tambien en su fragilidad y su delicadeza nórdica desafiaba la violencia con dulzura. ¿Cómo no pensar en ti, mi Anne Dufourmantelle? También está en ellas, en ese elogio de la dulzura en un mundo violento. Sonia, Guillermo, Siri, Sara todas están mirándome de cerca y dejando huellas para reconstruir heridas. Todas siguen un camino paralelo. Las imagino detrás de Sonia, formando una uve.

Pero ¿cómo no empatizar ni dejarse llevar por lo que escuchas? ¿Cómo hacer ese trabajo? Pregunta alguien que curiosea con lo dicho.  

«Je ne prends pas la peine des autres, je la reconnais» dice Sonia Chambrette en un susurro.

Meterse en lugares incómodos. Buscar el testimonio la convierte en una gran escuchadora. Sonia responde que la escritura es la que juega el rol de distancia con lo que muestra. Entrando en la escritura Sonia consigue poner distancia y poder iluminar lo que necesita enseñar.  No toma la pena, la reconoce en sus testigos. 

Sus obras estan divididas siempre en tres o dos partes. Hay una construcción narrativa temporal o emocional. Hay un trabajo de orfebre en sus diálogos. Hay mucha arquitectura lingüística, mucho respeto y valentía. El lector es respetado porque deja espacio para imaginar para sentir. 

No tuvo  siempre suerte en su carrera. Su última publicación salió el primer día del confinamiento. Intervengo cuando la autora evoca ese momento. El catorce de marzo de dos mil veinte. Alguien rie cuendo lo digo. No sabe lo que significa para mí esa frase. 

Continuamos su recorrido vital y artístico a través de sus libros. Ahora nos presenta levementeGratte-ciel . Último libro publicado. 

En la portada dice que es un récit. Lo prodríamos considerar un relato, pero negamos que mira de cerca al teatro por lo que no es exacto nuestro término, sería más bien un monólogo narrativo en voces multiples. La autora se interroga sobre cómo Francia no ha saldado sus deudas con Argelia. Cómo todavía le vuelve la espalda creyendo que el tiempo lo borrará. Me suena, pienso en mi país. Siento las tumbas vacías, las fosas comunes, el no poder llorar las injusticias. La muerte silencia, la violencia quiere borrar el discurso. Le vergüenza aparece en el salón. 

En Gratte-ciel nos invita a asistir al pasado de la mano de un joven de diecisiete años soldado de la Resistencia. Este personaje existe, lo entrevistó y fue sus oidos durante un tiempo. Escuchó y plasmó lo que le trensmitía.  Siguió su vida desde la alegría de la  Liberacion francesa del yugo nazi hasta las cárceles de Argel, donde esos que liberaron —ahora bajo órdenes francesas— oprimían a otros. Pronuncia la palabra tabú: masacre, militares, silencio en las familias. El salón se hace un lugar muy pequeño. Aunque la artista no se queda ahí. En la tercera parte del libro, imagina qué sucederá  en el futuro. Va más lejos, pasa delante. Me impaciento por leerlo. 

 

Soldados embarcan hacia Francia desde el puerto de Argel, en 1962, tras la firma del alto el fuego.

 

KEYSTONE-FRANCE (EL PAÍS)

La velada empieza a terminarse. Decido empezar estas dos obras. Son las que me llevo físicamente. La artista cercana y muy amablemente me firma sus ejemplares. Los pego al pecho, como si ese arte que emana pudiera abrazarme. 

Este encuentro es fruto del azar. Yo no tenía que estar en esa librería, yo no tenía por qué pararme a escuchar pero lo hice. Ella riza mi idea. Pensé en no venir, pero siempre pienso que algo sucederá. Gracias Sonia. Arde la llama en lo que me dices. Ese azar… ¿será el mismo que la llevó a Avignon? Eso espero… 

Me despido sin querer despedirme, vuelvo a ser esa bola de cristal con frases que flotan. Frida y sus pies, Anne y su inteligencia. Sonia en la estanteria de Literaria. Yo siendo todas. 

Somos seres rotos que buscamos en las heridas. Lo que encontramos no es nada complejo. El dolor es simple… insoportable pero siemple. 

Me quedo con ganas de preguntarle si ella cree en la venganza. Arriaga no cree en ella.

«La venganza no conduce a nada»  

Dice tambien el autor con una mirada tranquila de color mar Caribe en una entrevista que miro en bucle. Sabe que la violencia no se cura con más dolor, infligiendo la misma o con un castigo mayor.

 ¿Qué pensará Sonia sobre el perdón? ¿Se puedo reparar lo roto? 

Yo empiezo a leer todo esto y a seguir de cerca este nombre. Los domingos están hechos de cosas ingrávidas que no se nombran. 

 

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