La Maldad y otras emociones

El mal una emoción que no sabemos clasificar. 

La maldad existe…  esto que es una obviedad me costó mucho tiempo aceptarla.

Me topé con ella, asistí como testigo de esa maldad sin poder detenerla. Vi cómo esa nube negra se iba ciñendo sobre uno de mis seres favoritos. Tuve que dejarla entrar y esperar hasta que todo volviera a desvanacerse.

«Uno de los signos notables de la precariedad de los tiempos es decir obviedades» Manuel Jabois

Estamos en una era de obviedades como dice Manuel Jabois. Leí su frase y pienso que  esto que escribo es otra obviedad. Me gusta escuchar hablar a este periodista. Me detiene y me hace pensar. Admiro cómo encuentra la expresión correcta, el latigazo. Y eso, a una Literaria como yo, siempre es motivo de pausa, de atención. 

Manuel Jabois tiene esa inteligencia del que busca y busca sin cesar y necesita mil matices para dar con lo perdido. Eso sumado a una rapidez exquisita, me hace admirarlo. 

El verano pasado leí su última novela, Mirafiori. Quería ver cómo se debatía en este terreno. Me gustó el comienzo. Me sorprendió encontrarme con Málaga. Mientras lo leía me imaginaba su voz y el humo que quizás acompañaba su creación. Dibujaba la arquitectura de su novela mientras andana por las calles de Madrid o en reuniones.

Me sorprendió el giro final de su novela, una sorpresa que puedes intuir pero no vi. Lo terminé, y he de decir que  me resulta más fascinante su trabajo como periodista. Es diez mil veces más apasionante su directo que sus cedés.  Eso no le quita mérito, me encantaría tener la suerte de charlar con él. Confieso que una parte de mí tendría miedo a tanta lucidez. Creo que son ese tipo de personas que abruman por todo lo vivido. 

Volviendo al tema de antes, existe la maldad… existe y es el alimento diario de muchas personas. Personas que consiguen definirse en el daño que hacen a los otros. Personas —por llamarlas de alguna forma— que se relacionan a traves del daño que hacen. Viven en los gritos, las discusiones y  las pullas. Se pasan el día pensando cómo hacer daño, cómo desestabilizar, dónde apretar. Se sienten victoriosos del dolor ocasionado. Esa es su vida, en eso consumen su energía. Están tan acostumbradas a hacerlo, es algo tan vanalizado por el entorno que ni siquiera son concientes de que están destrozando a los otros. O sí… 

Esas persona existen porque la sociedad los permite. Porque no hay nada que los pare. Eso de que existe el mal porque tambien existe su contrario, me parece una insensatez. No sé por qué existe, no me hace falta saber su origen. El mal no tiene razon de ser. A mí siempre me resultará ajena esa idea de ser así. Me sorprende que pueden compartir el planeta, órganos e inlcuiso ADN personas así.

El mal en la literatura

No puedo separar la idea del mal sin unirlo al miedo. A mí el mal me asusta. El mal ha sido la carnaza de las grandes instutuciones del pensamiento judeo cristiano. Evitar el mal, Satanás, crear su antagonista ha sido y es su gran triunfo entre otros. La primera conciencia del bien o del mal, nos viene heredada. 

Si hablamos de literatura, creo que nunca he conseguido leer un libro de terror. En el cine tambien lo evito. No puedo disfrutar sabiendo que me va a sobrecoger el miedo. Esperar a que salga la mano detrás de la puerta o que el hacha se incruste en el craneo de alguien lo veo especialmente sadomasoquista y cínico. Además, su primo hermano de la capital, el llamado terror sicológico, no me parece más sublime porque  esté aparentemente recubierto de intelectualismo.  

Lo más oscuro de mi librería es la edicion de Cuentos de Poe y lo compré porque lo tradujo Cortazar y te aseguro, que no he leido ni un solo cuento en el que esa maldad corroa. Me pongo las gafas de lector del siglo XXI y consigo seprarme de esos cuervos, gatos y casas que crujen.

Me abstengo también de  novelas donde sé que el sufrimiento y la injusticia amordazan a las protagonistas. Tengo que prepararme mentalmente para leer a Toni Morrison o a esas autoras que nos regalan algo que desde el asiento privilegiado de mujer blanca europea nos hace saltar inmediatamente. 

No soporto el mal, no soporto verlo y  no entiendo que se tenga que hacer arte de esas miserias. 

Retrarar las guerras, explicar el exterminio de Gaza. El exterminio al que estamos asistiendo mientras la clase politica vive a espaldas de lo que el pueblo reclama. Eso es necesario, eso no es el terror al que me refiero, es el mal pero no es el exibicionismo de algunas obras literarias, cinematograficas donde no entiendo el objetivo de mostrar el mal por el mero placer de enseñarnos algo que a todos nos aterra. 

Encuentro enfermizo las estanterias de novela negra de miles de librerias. Me enfadan y paso corriendo sin mirar sus portadas. Mujeres asesinadas por mentes muertas y retorzidas. Me agobia que haya tanta gente que pasa horas leyendo eso. Siento macabro ese afán por buscar el mal, retratarlo, engrandecerlo regodeándose en él. 

Para no excluirme tanto, antes me obligaba a leer mínimo un libro al año sobre estas novelas tan bien leídas y saboreadas por ese público ansioso de terror, metal y asuntos por resolver con mucho suspicacia. Participaba en el  negocio editorial que posicionaba ese nuevo sueco o español que creaba una novela trepidante, el fenómeno del año y esas frases de banderolas que deberían prohibirse por mentirosas. Pero ya me cansé…

Mi pregunta es, ahora que nadie lee para hacerse mejor persona. Ahora que incluso las grandes influencers se profanan de no leer y no pasa nada. Tenemos que superarlo. Ahora que las obviedades son tema. No pienso darle más espacio a la maldad porque la estanteria ya empieza a estar llena de obviedades, y la calle, se esta llenando de gente que disfruta haciendo daño y reclamando clemencia en el bando equivocado. 

Luego existe el piano, las sonrisas, el mar, el sonido de las hojas al leer y los silencios compartidos.

EL mal duele. El mal desanima y ocupa un espacio que siempre ensucia. Mejor no pertenecer a esas obviedades, mejor dejar el ruido para los que necesitan no encontrarse a sí mismos frente al espejo de los otros.

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