Reflexiones sobre qué es el Archivo y su sentido en el proceso creativo y vital.

Comienzo el verano cansada, destrozada de tengo que… Llevo días en los que la lista se ha ido acortando y puedo respirar un poco. En este estado de agotamiento el tren del desear nunca se detiene. Es un continuo. Un ahora que puedo voy a … ser aquello que no puedo ser cuando estoy envuelta en los tener que.
Le eché el ojo a uno de los cursos de Crisi. Me encantaba saber que al final de la carrera de obligaciones se encontraba este oasis donde refugiarme. Crisi es un espacio con propuestas interesantísimas y que se hace un hueco cada vez más sólido en la agenda cultural en línea. Un trabajo de calidad al que solo puede felicitar y recomendar.
El curso se titula Literaturas del archivo. Sin mucha búsqueda, me limité a entender lo que semánticamente significa para mí el término. Me tranquilizaba saber que ellas saciarían mis dudas y lo definirían.
La gran Mar García Puig es la líder del curso. Ella con su espíritu solidario, generoso y erudito sabe ofrecernos esa mezcla de cercanía y permeabilidad que solo saben crear las verdaderas genias.
En los primeros minutos del curso ya nos entregaron la hoja de ruta. Nos adentramos rápidamente en materia. El archivo tiene esa doble vertiente: la institucional y la sentimental. La sentimental resuena en mi memoria y retomo mis notas del curso de Cristina Rivera Garza. Ella ya definió muy bien qué era el Archivo. Sonrío cuando releo en mis notas: «Me recuerda a Mar Garcia Puig». Ambas maestras se miran en el mismo espejo.
Es inmensa la cantidad de obras que comienzan o se sirven del Archivo para crear. Almudena Grandes en El corazón helado será un pasaporte o un carnet en el despacho del padre del protagonista lo que desencadenará ese ir hacia atrás para entender lo que sucedió. Es un objeto, una incoherencia, una frase, un nombre o una injusticia que busca ser observada y necesita ordenarse. Lo que más me interesa del Archivo es la idea que lo impulsa, la chispa que da pie a un proyecto. Buscar el orígen del fuego a miles de pasos del incendio es donde me centro ahora mismo. Las obsesiones, las frases que se nos quedan colgadas y nos hacen ir hacia atrás. Me parece fascinante.
Almudena toma la incoherencia del personaje para buscar esta ambigüedad que lo caracteriza y esa será la excusa para mostrar la herida de nuestro país. El Archivo instutucional es aletorio, cruel, caótico, descorazonador y aunque parezca una incongruencia, falto de memoria. Mar e incluso compañeras del curso hablaban de lo poco y mal que esos archivos contribuían al trabajo de sus busquedas. Señalaron diferentes problemas: falta de orden, rechazo, descontrol.
Me viene a la cabeza Ian Gibson y en cómo relata su periplo para encontrar las huellas de Lorca y todo lo que lo envuelve. Les recomiendo escuchar este podcast donde explica parte lo sucedido.
Nunca me he visto —por ahora— en la necesidad de adentrarme en un Archivo institucional. Pero me he visto envuelta como toda ciudadana en papeleos, ventanillas, algún que otro juicio y esos vaya usted a la otra ventanilla que tan insoportable y descorazonador se siente. Imagino que será el mismo sentimiento de injusticia e impotencia. Esto que ahora llamamos violencia institucional es aún más latente cuando es la propia institición la que se retrata con su disfuncionalidad.
Lo más cerca que he estado de un archivo son las bibliotecas. Mis templos. Cuando estudiaba en la triste Universidad de Letras de una ciudad que no nombraré, recuerdo que me pasaba horas buscando libros que me ayudaran a entender aquello que no sabían transmitirme. Buscaba obras inéditas, pasajes que me inspirasen para sobrellevar la soporífera asignatura del semestre. Lo único que se nos exigía como estudiantes era estar callados, copiar y vomitar dos meses después esa visión masticada y manida que me habían dictado por la mañana.
En mi desesperanza, acudía a un apartado de la biblioteca que se llamaba el Depósito. Tenías que rellenar una hoja con la referencia del libro que buscabas y dársela a un triste funcionario que posiblemente también se buscaba a sí mismo en ese espacio sepulcral. Cada vez que acudía a ese lugar oscuro con luz blanquecina y olor a humedad sentía que molestaba. Que nadie me esperaba y que se me juzgaba por hacerlos trabajar. A pesar de ese sentimiento de culpa, mi curosidad y mi deseo de sobrevivir a tanto gris me hacían ir una y otra vez. Era tanta la sed de archivo que aprendí a crear mis puzles de la incomprensión. Tras unos minutos de espera, el funcionario volvía y a veces no daba con esa obra y mi mente se quedaba colgada en una frase sin explicación, me daba por vencida o buscaba otro ángulo. Otras la llegada del ejemplar suponía otro reto: un comienzo de búsqueda, una fragmentación.
Yo soy un archivo. El paso del tiempo, aquello que conservo del desgaste del tiempo.
Vagando sobre qué puede ser el archivo en mí. Pienso que si alguien intenta encontrar qué era, quién fui, qué busqué en la vida, me encontrarán en mis búsquedas. En mi biblioteca.
«En esa época R. leía compulsivamente autoras que le acompañaran en su malestar. Ansiaba encontrar en esas voces la cura a sus heridas…». Falsa biografía a lo Borges.
El archivo y la actualidad
¿Estamos en una era más archivística? ¿Somos incapaces de vivir sin fotografiar sin apoderarnos del instante? ¿Dejamos silencio entre las imágenes? ¿Si vemos todo lo que fotografiamos podremos encontrar lo que fuimos? ¿Nos evaporaremos en esa nube en la que creemos que depositamos cosas importantes? ¿Esas ganas de capturar todos los momentos, de contarnos, de atarnos a todo no es más que un deseo de susbistir?
Hace unos días mi casa iba a salir ardiendo. Me vi en esa situación en la que puedes perderlo todo por una catástrofe natural. ¿Todo? Perder objetos : recuerdos, libros, agendas, anillos, fotos, sábanas, muebles… Siempre he pensado que los objetos no tienen importancia. En esos momentos de angustia nos deciamos todos eso de lo importante es que estemos a salvo, no hay daños humanos… Una letanía a la que asistía desdoblada. Me recordaba a ese «yo soy, yo soy…» de Sylvia Plath. Los objetos siempre tienen ese valor insignificante frente al cuerpo. Uno debe saber desprenderse de ellos y seguir siendo la misma persona. Pero frente a la inminencia de esa pérdida, algo doloroso me apuñaló. Pensé que quizás salvaría mis libros, mis libretas de diarios y escritos, mi disco duro con todas mis clases. Me daba una inmensa pena perderlos, a ellos, a mí en ellos. Fue muy doloroso pensarlo todo abrasado por las llamas. Recorrí en mi cabeza mi casa calcinada. Todo perdido… Recobró un valor que no le había otorgado antes. No tuve que aferrarse a ese dolor, fue la esperanza y el alivio el que me devolvió la cordura. Todo se salvó, gracias a la labor tremenda de los bomberos, mi casa no salió calcinada. El archivo más que nunca cobra sentido en mí. Los objetos son parte importante de nuestra existencia. Ellos cuentan, ellos nos acompañan. Aprender, aprender y olvidar.
El archivo del pasado, la vida que fue.
Llevo casi quince años fuera de mi ciudad natal, más de trece años fuera de España. Eso convierte cada viaje a mi país en una visita virtual al archivo que fue mi vida. Asisto en primera persona al envejecimiento o a la aniquilación de lugares donde se forjaron momentos que atesoro. Mi archivo está deslocalizado en la realidad y siento que vivo en una eterna visita de lo que fui, lo que dejé y lo que me rompió. Es muy fácil romantizar tu pasado cuando no vives en tu país de orígen. Hay invitablemente una fractura.
He tardado muchos años en aceptar que mi vida tambien es la vida que tengo en el otro país. Cuando te vas, vives en apnea. Aguantas, aguantas y al llegar de nuevo al orígen, cuando tocas tierra, empiezas a respirar de nuevo. Crees que es allí donde puedes ser tú. Allí es donde tu ser es. Es muy difícil vivir así. Es una etapa que quizás dura los primeros cinco años. Después las cosas se ordenan y entras en otra fase. Mi vida de antes tiene un Archivo y la que se hizo fuera, tardé tiempo en aceptarla, pero en algún momento se convirtió en mi nuevo Archivo sentimental.
¿Y si el archivo son los otros?
Cansada de rumiar en mi cabeza todo aquello que me perteneció, ahora, son los otros los que me interesan y con los que necesito contrastar todo lo que me narro. Cómo vivieron ellos las mismas cosas que mi mente deforma, cómo me ven, cómo me vieron en esos momentos, dónde se posicionan ellos en mi historia. Tranquiliza saber que los otros podrán entenderte quizás mejor de lo que lo haces tú.

«Je ne jamais écrit, croyant le faire, je n’ai jamais aimé; croyant aimer, je n’ai jamais rien fait qu’attendre devant la porte fermée».
Me permito la traducción, es algo así como nunca escribí, creyendo que lo hacía, nunca amé, creyendo amar, lo único que hice fue esperar delante de una puerta cerrada. Una hermosa cita de Marguerite Duras de El amante.
El Archivo es necesario para encontrar el sentido que a nosotros se nos escapa. Esa arqueología de lo abstracto es innata en nuestras ansias de saber. Observo el increíble trabajo titánico de irse a buscar datos, a contrastar una historia en escritoras que admiro. Lo encuentro sublime. Empatizo con esa forma de corroborar una línea para la arquitectura de un relato. A menos escala, puedo pasarme días buscando una cita, encontrando una canción o un artista. Esa adrenalina de encontrar y decirte sí, aquí está, eso es la considero absolutamente vital y necesaria en el proceso creativo artístico.
Estoy en el ecuador del curso. Tengo la inmensa suerte de poder escribir y encontrarme de nuevo la semana que viene con Mar y mis compañeras virtuales para observar lo que es el archivo en nosotras. Para impulsarme, estoy terminando la lectura de L’Amant y Les années de Annie Ernaux. Ambas incluidas en la bibliografía del curso.
Además de la excelente reflexión entorno al Archivo que conduce a la perfección Mar, nos da una inmensa bibliografía. Más motivos para ir de nuevo a ese Depósito a crear mi playlist donde observaréis todo aquello que pude aprender en este verano lleno de Archivo.
«En esa época R. leía a filósofos y autores que se servían del Archivo para crear sus obras. Encontró en un curso de verano la inspiración y el arojo necesario para poder empezar a escribir su…».
Mi archivo son los otros, como los otros me ven y me reconstruyen ante mi reflexión.