«La mayor parte de nosotras cree inconscientemente que, si mostramos ese aspecto inaceptable del ser, nuestra madre-cultura-raza nos rechazará de plano. Para evitar ese rechazo, algunas de nosotras nos amoldamos a los valores de la cultura, forzamos a las partes inaceptables a quedarse en las sombras».
Gloria Anzaldúa, Borderlands La frontera: La nueva
Uno de los miles de motivos por lo que escribo es para quitarme de encima la angustia. Es una respuesta a una incomodidad. Es una estrategia. Una forma —como otras tantas— de intentar quitarme lo que duele. Algunas meten la cabeza en el agua para sacarse el ruido del mundo. Otros corren y sienten el asfalto en los pies para sentir que avanzan. Rabia, ansia, pena, odio, impotencia, frustración. Ese ramo de emociones que necesitas que desaparezca son motivos de tantas pasiones y oficios.
Escribo porque estoy fuera, lejos, muy lejos. Porque hay mucha distancia entre el deseo y la realidad. Escribo porque es ahí en la escritura donde consigo centrarme y hacer que las avispas de mi pecho se calmen. Escribo y pienso en las voces incómodas de Leïla Slimani. En lo audaz que es cuestionarse por qué tiene que elegir entre ser francesa o ser marroquí. Pienso en Milena Busquets, en cómo se rie de sí misma y no tiene ningún complejo en mostrarlo. Pienso en mi querida Almudena, en cómo los periféricos éramos su público. En lo incómoda que siempre es para el otro bando.
Siento en mí un puñado de voces que dijeron la frase que no debía cuando no era el momento apropiado. Pienso en esas voces suicidas, ellas sabían que diciéndolo venía la batalla, la discusión, la violencia. Aun así, se lanzaron y lo dijeron. Admiro su incomodidad. Admiro su forma de decir todo lo que yo callaría.
Escribo con esa sensación, escribo… admiración y silencio.
Estar fuera y ser de fuera. Dos verbos que separan una misma idea.
Cuando te vas de tu país de orígen durante un tiempo estás fuera. Lo vives como algo transitorio. Algo que es un estado que no te define. El problema viene con los años, cuando ese estar comienza a transformarse en ser. Y ya eres ese fuera para siempre.
Todos hemos pasado por esa noción de extranjero. Solo depende de la cantidad de horas a las que has estado expuesto. El tiempo mide si lo eres o si lo estás. En un viaje, en una reunión de amigos, en una cena de empresa, en una merienda familiar, en un viaje de negocios, en una beca, en un curso de cocina, en un llámalo como quieras, sentirse que se es de fuera lo hemos sentido todos.
Ser de fuera te situa siempre en la periferia, en los márgenes, en los créditos, en lo otro que no es lo de siempre. Hay un momento en el que se manifiesta abierta y continuamente. Eres de fuera, ya no estás aquí.Te pierdes muchas cosas, demasiadas, anhelas, las buscas. Necesitas rememorarlas y traértelas cerca. La periferia hace que vivas en eso que Gloria Anzaldúa definió en su obra La frontera. Es un lugar indefinido, ese estado híbrido en el que te conviertes y será tu forma para siempre. Te quedas encerrado en esa indeterminación hasta que tú decidas y aprendas a abrazarla.
Conozco muchas personas que se sienten fronterizas. Seres que están siempre en los lindes de una definición que no es cien por cien eso. Otros no lo saben, tienen ese malestar pero viven con él sin saber en qué momento llegó ni cómo llamarlo.
Esa sensación de frontera es más tangible que nunca en ese precipicio donde nos preguntamos lo digo o me callo. En ese preciso momento somos más frontera, más fuera, más extrarradio que nunca. La opción que elijas dependerá de cuántos errores seas capaz de acumular. Decidas lo que decidas, la frontera ya te ha alcanzado. Ya sientes que esto no es esto y aquello ya no es aquello. Y ya…
Eres frontera cuando te despiertas y entiendes que lo de antes, ya no es. Eres frontera cuando has traspasado algo y ya no hay regreso aunque lo ansíes. Cuando sientes que eres ese fuera y ya no lo estás.
Hoy soñé con mi pasado.
Estaba muy lejos, era distancia.
Se me están borrando partes de la cara, no reconozco ya la voz.
Al final del sueño siempre soy yo detrás de ellos.
El sueño acaba y nunca obtengo respuesta. Escribir desde ese lugar, jugar con la frontera, no saber nombrar las cosas eso es ser y estar fuera.